Algo que me sigue sorprendiendo por muchos años que pasen en el ser humano, es la perfecta armonía entre cuerpo y mente. Cuando jóvenes nuestro cerebro nos hace creer inmortales, pletóricos y los miedos apenas se reducen a la propia inseguridad ante los demás y a la necesidad de sentirse aceptados por los que te rodean.
Es a partir de la edad madura cuando nuestro cerebro, a mi entender, comienza a prepararnos para que aceptemos nuestras limitaciones tanto físicas como intelectuales. Pero ¿ qué ocurre cuando nuestro cerebro nos dice que somos aún jóvenes?, ¿ qué ocurre cuando somos consciente de lo que sucede a nuestro alrededor pero sin control sobre ello?, ¿con la capacidad mental de una persona joven, pero con un cuerpo que está a años luz de tal vitalidad?.
Éste verano, soy testigo de la decadencia física y anímica de una persona a la que aprecio profundamente. Es triste ver como intenta luchar cada día de su vida contra la imposición de una maldita enfermedad que le tiene apenas al 40 por ciento de sus capacidades. No puede moverse sin sentir que la mitad de su cuerpo le abandonó hace ya unos años. Cual duro es saber que partes de tu cuerpo se marchan dejando tras de si un despojo de carne y hueso que tan solo le es útil para recordar a quienes le miran, que antes, hace tiempo, era un hombre completo como ellos.
La angustia de escuchar noche tras noche ruidos y voces que únicamente él escucha, una constante batalla por mostrar a quienes le rodean que no son cosas de loco, que realmente existen, notando como se apaga, agotado, rendido ante la triste visión de verse solo e incomprendido en tal esfuerzo.
Su soledad no es impuesta por falta de seres que le amen y le cuiden; su soledad es un injusto castigo que la vida le impuso a través de la enfermedad, una soledad que le hace aún más huraño y desconfiado tras la pérdida de la audición. Esa es una soledad que no quisiera para mí, es tormentosa. No todos poseemos la capacidad de canalizar nuestros miedos o angustias como hacía Goya por medio de sus pinturas. La mayoría hacemos de nuestro mundo interior un mundo paralelo al resto. Tal vez caminen cerca, pero jamás llegan del todo siquiera a rozarse. Si así fuera, si consiguiéramos aquello que caminamos a su lado ser capaces de entrar por un solo instante en su interior, tal vez, saldríamos horrorizados por tanta soledad y pena. Es esa pena por ver como su cuerpo no responde a su mente, por ver que si sus nietos le dan la mano y no a siente, por notar que aquellos que hablan a su lado no cuentan ya con su opinión y si lo intentan, terminan desesperados y agotados por el fracaso, es esa pena la que irradia cuando llora sin previo aviso y sin que nadie comprenda el momento, sólo él, intentando inmediatamente disimularlo con risas nerviosas y avergonzadas, resquicios éstas de su pasado, cuando pensaban que los hombres no lloraban.
No sin cierto pudor, reconozco que nunca supe desenvolverme de manera airosa a la hora de compartir espacios de mi vida con tales inconvenientes, nadie me dijo nunca cómo tratar a un ser desprovisto de sus herramientas más elementales. En ocasiones siento pereza, en otras cierto fastidio y la mayoría de las veces una gran pena acompañada de ternura. La siento cuando en un momento de desesperación pide el bastón para irse a que le atropelle un tranvía imaginario. Siento ternura por su compañera, desprovista de una parte importante del que tenía que acompañarle hasta el final de su vida, un compañero que ya no le acompaña, su amante que ya no juega a amarla, su cómplice cuando era capaz de seguir alguna complicidad.
Por ello, hoy deseé dedicarles a mi estimadísimo y querido protagonista una última reflexión.
Sé que dentro de ese mundo tuyo, oscuro en ocasiones y con luces en otras pocas, existe aún restos de aquel hombre que conocí: grande, fuerte amable y capaz de crear sueños con sus propias manos, sé que existe aún parte de aquella pose poderosa, cigarro en mano y con relajada elegancia, tengo claro que aún en los momentos donde no hay ninguna luz, que todo se vuelve sordo y tenebroso, tienes una mirada atrás y te recuerdas a ti mismo que eres aún aquel, que lo que ves en el espejo es solo la consecuencia de un campo de batalla con sus pérdidas y sus miserias, pero que la guerra, la gran guerra, lo que decide definitivamente si has de rendirte por completo o no, esa guerra no la perdiste y que todas esas batallas perdidas, sólo consiguieron hacerte más veterano ante la adversidad, que las pequeñas batallas ganadas te dieron fuerzas para aspirar a seguir en la trinchera y no olvidar jamás que sigues siendo un hombre, un gran hombre, mas humano y vulnerable pero , quizás por ello, soy capaz de verte más humano que nunca.
"Saquese despacio ese amor que le duele al respirar. Sacúdalo un poco para que despierte. Lávelo con cuidado, que no quede ni una sola impureza. Limpio y oloroso proceda a doblarlo tantas veces como sea necesario para tener el tamaño de la uña del dedo gordo del pie derecho.
Espere el paso de una hormiga, ser noble y generoso, y pásele la pesada carga. Ella lo llevará a guardar en alguna profunda caverna. Hecho esto, vaya y rellene, por enésima vez, la pipa de tabaco frente al mar de oriente. El olvido llegará conforme se termine el tabaco y el mar se acerque a usted.
Si quiere recuperar ese amor que ahora olvida, basta escribir una larga carta hablando de viajes desconocidos, hidras, molinos de viento, oficinas y otros mounstros igualmente terribles. A vuelta de correo tendrá su amor tal y como lo envío, acaso con un poco de polvo y sueño en la cubierta..."
Este va dirigido a profesionales de la salud, especialmente psicólogos, médicos, psiquiatras, psicoterapeutas, arte-terapeutas y aquellas personas que estén interesadas en el tema del arte y de la creatividad.
Os invitamos el próximo viernes 26 de noviembre al concierto que ofrecerá el cuarteto de cuerda Beigbeder, con obras de Bach, Beethoven, Brahms, Gardel...
Estaba allí desde el primer momento, En la adrenalina Que circulaba por las venas de tus padres Cuando hacían el amor para concebirte, Y después en el fluido Que tu madre bombeaba a tu pequeño corazón Cuando todavía eras sólo un parásito… Llegué a ti antes de que pudieras hablar, Antes aún de que pudieras entender algo De lo que los otros te hablaban. Estaba ya cuando torpemente Intentabas tus primeros pasos Ante la mirada burlona y divertida de todos. Cuando estabas desprotegido y expuesto, Cuando eras vulnerable y necesitado. Aparecí en tu vida De la mano del pensamiento mágico, Me acompañaban… Las supersticiones y conjuros, Los fetiches y los amuletos… Las buenas formas, las costumbres y la tradición… Tus maestros, tus hermanos, tus amigos… Antes que supieras que yo existía, Yo dividí tu alma en un mundo de luz y otro de oscuridad. Un mundo de lo que está bien y otro de lo que no lo está. Yo te traje tus sentimientos de vergüenza, Te mostré todo lo que hay en ti de defectuoso, De feo, De estúpido, De desagradable. Yo te colgué la etiqueta de “diferente” Cuando te dije por primera vez al oído Que algo no andaba del todo bien contigo. Existo antes de la conciencia, Desde antes de la culpa, Desde antes de la moralidad, Desde los principios de los tiempos, Desde que Adán se avergonzó de su cuerpo Al notar que estaba desnudo… Y lo cubrió! Soy el invitado no querido, El visitante no deseado, Y sin embargo Soy el primero en llegar y el último en irme. Me he vuelto poderoso con el tiempo, Escuchando los consejos de tus padres sobre cómo Triunfar en la vida… Observando los preceptos de tu religión Que te dicen qué hacer y qué no hacer Para poder ser aceptado por Dios en su seno. Sufriendo las bromas crueles De tus compañeros de colegio, Cuando se reían de tus dificultades. Soportando las humillaciones de tus superiores. Contemplando tu desgarbada imagen en el espejo Y comparándola después con las de los “exitosos” Que se muestran por la televisión. Y ahora, por fin, Poderoso como soy Y por el simple hecho De ser mujer, De ser negro, De ser judío, De ser homosexual, De ser discapacitado, De ser alto, petizo, flaco o gordo… Puedo transformarte… En un tacho de basura, En escoria, En un chivo expiatorio, En el responsable universal, En un maldito bastardo, Desechable. Generaciones y generaciones de hombres y mujeres Me apoyan. No puedes librarte de mí… La pena que causo es tan insostenible Que para soportarme, Deberás pasarme a tus hijos, Para que ellos me pasen los suyos, Por los siglos de los siglos… Para ayudarte a ti y a tu descendencia, Me disfrazaré de perfeccionismo, De altos ideales, De autocrítica, De patriotismo, De moralidad, De buenas costumbres, De autocontrol. La pena que te causo es tan intensa Que querrás negarme Y para eso Intentarás esconderme detrás de tus personajes, O detrás de las drogas, Detrás de tu lucha por el dinero, Detrás de tus neurosis… Detrás de tu sexualidad indiscriminada. Pero no importa lo que hagas, No importa a dónde vayas, Yo estaré allí. Porque viajo contigo Día y noche Sin descanso, sin límites. Yo soy la causa principal de la dependencia, De la posesividad, del esfuerzo, De la inmoralidad, del miedo, De la violencia, del crimen, de la locura… Yo te enseñé el miedo a ser rechazado, Y condicioné tu existencia a ese miedo. De mí dependes para seguir siendo Esa persona buscada y deseada, Aplaudida, gentil y agradable Que hoy muestras a los otros. De mí dependes Porque yo soy el baúl en el que escondiste Aquellas cosas más desagradables, Más ridículas, menos deseables de ti mismo. Gracias a mí, has aprendido a conformarte Con lo que la vida te da, Porque después de todo, Cualquier cosa que vivas será siempre más De lo que crees que mereces.
¿Has adivinado, verdad?
Yo soy el sentimiento de rechazo que sientes por ti mismo.
Recuerda nuestra historia…
“Todo empezó aquel día gris En el que dejaste de decir orgulloso: “YO SOY” Y entre avergonzado y temeroso, Bajaste la cabeza Y cambiaste tus dichos y actitudes Por un pensamiento “YO DEBERÍA SER”…
la lámpara de mi cuarto
cajas nº 1abc
caja nº 2
caja nº 3
Algunos de mis pintores favoritos
.
EL RELOJ PARADO A LAS 7
Giovanni Papini
Hay en una de las paredes de mi cuarto un hermoso reloj antiguo que ya no funciona. Sus manecillas detenidas casi desde siempre, señalan imperturbables la misma hora: las siete en punto. Casi todo el tiempo, el reloj es sólo un inútil adorno en una blanquecina y vacía pared. Sin embargo hay dos momentos en el día, dos fugaces instantes en que el viejo reloj parece resurgir de sus cenizas como un ave fénix. Cuando todos los relojes de la ciudad, en sus enloquecidos andares marcan las 7 y los cu-cu y los gong de las demás máquinas hacen sonar por 7 veces su repetido canto, el viejo reloj de mi habitación parece cobrar vida. Dos veces por día, a la mañana y a la noche, el reloj se siente en absoluta armonía con el resto del universo. Si alguien mirara el reloj solamente en esos dos momentos, diría que funciona a la perfección… Pero pasado ese instante, cuando los otros relojes han acallado su canto y las manecillas siguen sus monótonos caminos, mi viejo reloj pierde su paso y permanece fiel a aquella hora que alguna vez detuvo su andar. Y yo amo ese reloj y cuanto más hablo de él, más lo amo, porque cada vez me siento más parecido a él. También yo estoy parado en un tiempo, también yo me siento clavado e inmóvil, también yo soy de alguna manera un adorno inútil en una pared vacía. Pero tengo también fugaces momentos en que, misteriosamente, llega mi hora. Durante esos tiempos, yo siento que vivo. Todo está claro y el mundo se transforma en maravilloso. Yo puedo crear, soñar, volar, decir y sentir más cosas en esos instantes que en todos los otros momentos. Estas conjunciones armónicas se dan y se repiten una y otra vez, como una secuencia inexorable. La primera vez que lo sentí, traté de aferrarme a ese instante creyendo que podría hacerlo durar para siempre. Pero no fue así. Como a mi amigo el reloj, también a mí se me escapa el tiempo de los otros. …Pasado estos momentos, los otros relojes que anidan enotros hombres, continúan su giro y yo vuelvo a mi rutinaria muerte estática, a mi trabajo, a mis charlas de café, a mi aburrido andar que acostumbro a llamar vida. Pero yo sé que la vida es otra cosa. Yo sé que la vida, la vida de verdad es la suma de aquellos momentos que aunque fugaces, nos permiten percibir la sintonía con el universo. Casi todo el mundo, pobre, cree que vive. Sólo hay momentos de plenitud y aquellos que no lo sepan e insistan en querer vivir siempre, quedarán condenados al mundo del gris y repetitivo andar de la cotidianeidad. Por esto te amo, viejo reloj, porque somos la misma cosa tú y yo.
MI EDIFICIO PREFERIDO
yo y tú
yo soy yo y tú eres tú, yo no estoy en este mundo para llenar tus expectativas y tú no estás en el mundo para llenar todas las mías, porque tú eres tú y yo soy yo.